Tera Sánchez León
Si os digo que Charlie Hebdo tiene un problema con facebook y que están a punto de cerrar su página, seguro que decís que a vosotros que. Pero si os digo que estamos hablando del cierre de un medio de prensa igual la cosa cambia, por lo que pueda tocaros. Charlie Hebdo no es en realidad una persona, no al menos del todo, sino un medio de prensa, satírico, crítico e irreverente, al modo de lo que puede ser en España “el Jueves”.
Si os digo que Charlie Hebdo tiene un problema con facebook y que están a punto de cerrar su página, seguro que decís que a vosotros que. Pero si os digo que estamos hablando del cierre de un medio de prensa igual la cosa cambia, por lo que pueda tocaros. Charlie Hebdo no es en realidad una persona, no al menos del todo, sino un medio de prensa, satírico, crítico e irreverente, al modo de lo que puede ser en España “el Jueves”.
Su historia ha sido errante en estos años, siendo la publicación actual, de inspiración libertaria y provocadora, heredera de la antigua publicación francesa Hara-Kiri, un autentico látigo contra el poder y los partidos (sobre todo los de derechas, pero no solo) y adalid de los valores republicanos, pero que sucumbió a la persecución del gobierno, y se transformó en el semanario actual, huyendo de los cierres.
Los angelitos que nadan detrás de Hebdo están especializados en la defensa de las libertades individuales y colectivas, la libertad de expresión y el cuestionamiento de todo, incluso de ellos mismos, por lo que no es infrecuente la incoherencia editorial y las puyas entre sus redactores, cosas del libre pensamiento.
Seguro que recordareis mejor su existencia si os digo que cuando en 2006, el semanario danés Jyllands-Posten pubicó las famosas caricaturas que criticaban a Mahoma, y que llevaron a la dimisión al director de Libération), Charlie Hebdo fue el único medio que se atrevió a publicar un manifiesto de doce intelectuales como Salman Rushdie o Bernard-Henri Lévy a favor de la libertad de expresión y en contra de la autocensura, y uno de los pocos que se atrevió a republicar las caricaturas. Aquello le costó al entonces director de la revista, Philippe Val, un juicio y algunos disgustos.
La revista, refundada en 1992, ha vivido en los últimos años muchas vicisitudes, perdida de identidad ideológica, hasta caer casi en la neutralidad, luchas intestinas entre sus dibujantes y redactores más históricos, y un modelo de financiación poco claro que ha pasado desde la renuncia a la publicidad, hasta extravagancias como el uso de vagabundos como vendedores.
Hoy el Charlie Hebdo de Philippe Val es más dependiente de la inspiración de sus talentos que de una base ideológica firme. Pero sigue tan corrosivo y oportunista como siempre.
Tanto que el 2 de noviembre les han quemado la redacción, vía coctel molotov.
Al semanario parisino no se le ocurrió otra cosa que criticar con saña el ascenso islamista en las elecciones de Túnez y el dudoso pedigrí democrático de los nuevos amos de Libia. Y todo ello con una caricatura de Mahoma en portada.
La presión de los lobbies islamistas y el típico miedo europeo a no ofender han llevado a una campaña preventiva de los poderes constituidos para tapar la boca a los humoristas, todo sea que tanta crítica cause un problema diplomático con las minorías en Europa, o con las mayorías en el Magreb, según como se mire. Seguro que si la caricatura hubiese sido del Papa la cosa le habría resultado a alguno hasta graciosa, pero claro, siendo ....
Facebook está entre esos bienqueda, como no. Pero cerrar un medio de comunicación por expresarse libremente no queda bien, así que los caralibro han usado el viejo argumento de incumplir las normas. Y es que Charlie Hebdo “no es una auténtica persona”, ha dicho la red social (cosa que ocurre con la mitad de las páginas de la red), lo cual, parece ser, va en contra de las reglas de la red social.
Según denunciaba esta semana Reporteros sin Fronteras RSF, y difundía France-Press, la actitud de facebook resulta poco menos que surrealista, en su intentó por acallar a la revista y no enemistarse con su creciente mercado musulmán, los de la red azul han aducido, además, que han decidido suprimir el contenido del semanario porque “El contenido infringe la Declaración de los derechos y responsabilidades, al publicar contenidos gráficos sexualmente explícitos o con cuerpos demasiado desnudos, cosa prohibidas en Facebook”. ¿Demasiado desnudos?.
A estas alturas del artículo, ya os habréis dado cuenta que no tiene nada que ver la referencia a imágenes de “cuerpos desnudos” o similares, y el contenido del número de Charlie Hebdo, por otra parte agotado en quioscos.
la red no se ha atrevido, aun, a borrar el perfil de Charlie Hebdo, pero ha bloqueado la página, de manera que no es posible ponerse en contacto con sus responsables, los cuales tampoco pueden actualizar el perfil, introducir contenidos o contestar a los cientos de comentarios intimidatorios que llegan cada día a su muro en francés y árabe.
Y no es que esta situación nos deba coger por sorpresa. Facebook, a instancias del gobierno chino, ya cerró hace tiempo la cuenta del disidente Jing Zhao (Michael Anti), o la del grupo We are Khaled Said, en Egipto, también porque el perfil no coincidía con una persona real. Claro que si es un disidente perseguido, camuflarse tiene sentido.
Por supuesto que, menudo son, los periodistas y dibujantes de Charlie Hebdo han abierto un blog en el gestor libre WordPress y una cuenta en twitter para mantenerse en contacto con sus lectores y han conseguido organizarse para sacar su nuevo número en papel, gracias a que el diario Libération les ha cedido unos locales en París.
Pero el caso no es ese, ni tan siquiera que en estos tiempos el director de la revista, y todos sus periodistas estén bajo protección policial. Hemos confiado en internet como una puerta abierta a la libertad de expresión, a nuestra capacidad de compartir y de movilizar masas y revoluciones. Y estamos intentando crear una sociedad nueva en base a nuestra capacidad para movilizar a las sociedades y hacerlas tomar conciencia de los problemas a través de las redes sociales. Y ahora resulta que estas deciden que debemos leer y escribir, que debemos sentir y a quien debemos criticar. Con el agravante de que tales redes son un oligopolio, básicamente son dos o tres.
¿Son las redes medios para difundir la libertad o para adoctrinar masas?. Aclárate caralibro.

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